El dilema: ¿cuánto de límites y cuánto de “amor”?

Es algo que me planteo mucho, ¿cómo educar sin caer en un extremo de autoritarismo o de permisividad? ¿cómo encontrar el equilibrio entre las normas y el cariño?

Entonces me acuerdo de que ha venido a visitarme el perfeccionismo y quiero saber la respuesta correcta, a pesar de haberme aprendido y grabado que ésta no existe. También me acuerdo que igual que cualquier extremo es malo, buscar un punto exacto tampoco sirve.

Reconozco que podría decir qué hacer y no hacer para evitar caer en esos extremos (esto lo cuento otro día), pero antes de eso hay que saber asumir errores y atreverse a dar pasos, sólo uno a la vez.

¿Hacia dónde quieres ir? ¿De qué extremo (autoritarismo o permisividad) quieres alejarte más?

Ah, por cierto, ¡Amor siempre!

Pies descalzos sobre la lluvia, una imagen para reflexionar sobre la adolescencia y los límites.

Amor

¿qué nos pasa con el amor? Llegamos a la adolescencia o incluso un poquito antes y olvidamos esa ternura, ese cariño que sentimos por los bebés y nos desconectamos de los sentimientos que tenemos hacia nuestros hij@s.

Pues yo digo que seguimos sintiendo ese amor incondicional hacia ellos, pero hay que rescatarlo, hay que tenerlo totalmente presente cada día, porque si no, nos dejamos llevar por otras emociones que aparecen en el hacer cotidiano…cuando me dice que no le diga lo que tiene que hacer, cuando me pone cara de asco, cuando me habla con una actitud “de desprecio”. Pero “eso” es lo que a él le toca hacer, necesita adquirir su independencia y reafirmarse como persona y lo que nosotros hacemos con “eso” es lo que importa.

Si nos desenchufamos del amor incondicional y a nuestro hij@ no le llega nuestro mensaje de amor (y no hablo de palabras, hablo de “hacérselo sentir”) la distancia en la relación será mucho mayor y además influirá en su percepción de valía y en su autoconcepto.

¿cómo le haces llegar el mensaje de amor a tu adolescente?

Limites:

Yo soy mucho de que se reflexione, de mirar primero que me pasa a mí con ese aspecto y de no dar fórmulas hechas. A veces, sólo a veces, se pueden sugerir cosas para que te atrevas a probarlas. OJO! No van a ser consejos universales y mucho menos trucos de magia. Lanzaré unas útiles ideas:

Piensa qué cosas son muy importantes para tí y consideras que tu adolescente “debe” asumir y te gustaría que cumpliera. No valen 500, solo 2 o 3. Vigila tus expectativas.

Escríbelas y valoras si son cosas qué quieres que hagan o que no hagan. Intenta que sea “que haga” (aquí las opciones se te van a reducir mucho), que aprenda algo útil para su vida, que sea algo que va a aportar a la familia.

Y aquí viene lo difícil…

Si la relación con tu adolescente es positiva, podrás ponerlo en común, explicarle lo importante que consideras eso, debatirlo y llegar a acuerdos. Si tu relación está deteriorada, tienes una oportunidad de acercamiento. Con mucho tacto y cariño, puedes tener una conversación para informar de lo que te gustaría que sucediera. Y cuidado con lo que esperamos…hay que esperar, con apertura, con capacidad de escucha e incluso (a pesar del deterioro) preguntar si se le ocurre alguna sugerencia para que suceda eso o se cumpla por parte de todos.

¿y ahora? Pues saca todas tus herramientas y…conversa, negocia y ¡observa qué pasa!

Ah, ¿qué querías que tu hij@ te dijera, “sí, mamá, me parece bien”? ¿qué habíamos dicho sobre las expectativas?

Puedes poner límites, pero no IMponer límites. En esta edad no va a funcionarte. Así que cuánto más recursos desarrolles para poder mantener conversaciones y negociar/acordar con tu hij@, más soluciones encontrarás que os satisfagan a ambos y que sean más fáciles de instaurar.

Eso sí, cuando el límite se ha establecido, se ha acordado, no vale cambiarlo o respetarlo unas veces sí y otras no. Es importante ser consecuente y congruente.

¿Quieres practicar?

Firma de Alma M Ors, autora del blog Adolescencia en Calma
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